Tongariki: contrarreloj al amanecer

Tongariki (Isla de Pascua). Chile. Octubre 2018.

TongarikiEn todos los viajes siempre surge la obligada visita al mejor sitio del mundo para ver amanecer o atardecer. Llegar al punto en cuestión puede requerir escalar montañas, largas caminatas o madrugones inhumanos. Estamos de vacaciones, pero nuestra alma aventurera nos hace levantarnos incluso antes de la hora a la que vamos a trabajar. Shhh!! Que no se enteren nuestros jefes.

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Moai moderno con facciones definidas.

Ni el sueño, ni la legaña pegada en el ojo nos importa en absoluto, porque ese momento quedará grabado para siempre en nuestra memoria.  A veces necesitas disponer de conocimientos intensos de geografía para identificar el punto perfecto por el que va a salir o meterse el sol o en su defecto consultar la “Lonely Planet”. Desgraciadamente, al igual que tú otros 200 turistas también quieren tener esta misma experiencia mística y única. Así que armaros de paciencia y tener vuestras cámaras preparadas.

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Moais violetas.

Para mi última mañana en Isla de Pascua había decidido ir a ver amanecer a Tongariki. Uno de estos místicos sitios desde el que no puedes perderte el amanecer. Hay excursiones organizadas que te traen y te llevan desde Hanga Roa, pero dado que la tarde anterior había alquilado un coche por 24 horas  fui por mi cuenta.  Tongariki está a unos 20 km de Hanga Roa y es relativamente sencillo llegar. La única precaución es que necesitáis conducir despacio porque es de noche y podéis tener la mala suerte de que se os cruce algún caballo.

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Aunque nublado, bonito amanecer.

El día anterior había hecho un tiempo del demonio (ver entrada anterior)  y era probable que la mañana fuera a estar nublada.  Quizá el amanecer no iba a ser excesivamente vistoso, pero ésta era la única oportunidad que iba a tener de verlo. Me levante sobre las 5:30 am para poder llegar a tiempo a Tongariki y ver el espectáculo.  Sin embargo me retrase un poco para terminar la mochila y me puse en la carretera un poco tarde. No quise ir corriendo porque era de noche cerrada y los consabidos caballos. En la lejanía se veían las luces de coches de los turistas insomnes que se dirigían al mismo sitio que yo. Éramos como una procesión nocturna.

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Moais rojos y naranjas.

Después de un rato me di cuenta que empezaba a clarear y entré en pánico. Después de caerme de la cama en mitad de la noche aun me lo iba a perder. Estuve con esta sensación de desasosiego durante otros 10 minutos, pero al final llegué a destino y aparentemente no había pasado nada. Ahora sabía cómo se sienten los vampiros  temerosos de verse sorprendidos por la luz del día.  Después de mí, todavía siguieron llegando coches para disfrutar del espectáculo.

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Turistas al amanecer.

Como era de esperar había bastantes coches en el parking del complejo y aparqué donde pude. Ya sobre el terreno busqué una piedra para sentarme en frente de la hilera de moais. Intenté que fuese una zona lo menos concurrida de gente posible para poder extasiarme a gusto, lo que no fue nada fácil. Me ceñí mi forro polar y esperé a que la luz hiciese acto de presencia.

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Los moais y el mar.

Tongariki es un sitio muy especial de Isla de Pascua.  Fue el sitio ceremonial más grande de la isla, con los moais en pie de mayor tamaño y número. Durante muchos años se realizaron estudios arqueológicos en este sitio debido a su importancia, pero en 1960 el yacimiento sufrió un catastrófico tsunami que lo destruyó prácticamente por completo. Décadas después una empresa de grúas japonesa se interesó por este sitio gracias a un programa de televisión y se estableció un proyecto de colaboración para la restauración del complejo. Hay que tener en cuenta que los 15 moais que actualmente se alzan en pie miden entre 6 a 9 metros de altura y llegan a pesar más de 80 toneladas. Ni los mejores “Harrijasoketa” (levantadores de piedras vascos) se han visto en una como ésta.

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Los impresionantes 15 de Tongariki.

El amanecer fue espectacular, pese que algunos turistas no hacían más que cruzarse todo el rato delante de mí, con tres cámaras de fotos intentando conseguir la imagen perfecta. Cada día estoy más convencido que vivimos bajo la tiranía de la cámara. Yo intento forzarme cada vez más a ver las cosas con mis ojos y menos a través del objetivo.  Soy débil, pero estoy en ello.

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Curiosamente en esta foto se ven 16 moais.

Aunque el cielo estaba bastante nublado, fue mágico ver a los moais en silencio y como el color del cielo se iba encendiendo pasando por toda la gama de violetas, rojos y amarillos. No me puedo ni imaginar lo que tiene que ser con un día despejado, en que la luz del sol se cuela entre las estatuas.

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Panorámica de Tongariki.

Decididamente mereció la pena venir hasta aquí para verlo. No sé si es el amanecer más bonito el mundo, pero sí de los más especiales. Me había quedado ensimismado sentado en aquella fría piedra,  a mi retina le importó bien poco que mi trasero se quedase helado. Estuvimos allí quietos hasta que la luz de la mañana nos iluminó a los más de 50 turistas que estábamos desperdigados por la explanada.

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Ya se que soy un poco repetitivo, pero el sitio es tan bonito…

Aproveché para dar una vuelta con tranquilidad por el complejo, porque el otro día no había podido ver mucho (ver entrada anterior). Me llamó mucho la atención un moai que se encontraba solitario en la entrada del complejo.  Como las personas, cada moai tiene su historia.  A este moai se le conoce como el moai viajero y el moai andante.  Durante la exposición de  1982 en Osaka, se lo llevaron a Japón de excursión y en 1986 se utilizó en los experimentos para probar las teorías sobre las técnicas de transporte de los moais que empleaba el pueblo rapanui. En fin, un moai con historia…

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El moai «turista».

…y mi historia en Isla de Pascua estaba tocando a su fin.  Regresé a Hanga Roa y dejé el coche en la oficina.  No tuve ningún problema, afortunadamente. La ausencia de seguro a todo riesgo siempre me deja intranquilo. De camino al camping me acerqué al pequeño puerto de Hanga Roa, es bonito con sus botes de colores. Dicen que a veces se pueden ver tortugas, pero yo no vi ninguna.  Lo que sí que os recomiendo es  que os comáis un helado en “Mikafé” (ver sitio web).  A parte de que están muy buenos, sentarse relajado en la terraza de esta cafetería del puerto es una gozada.

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Moai viajero y vistas de Rano Ranaku. 

Al igual que en la llegada, el personal del camping Mihinoa nos organizó el traslado al aeropuerto (sin coste adicional). Nos juntaron a todos los turistas que nos íbamos en el vuelo por la tarde a Santiago de Chile con nuestras mochilas. Con unas furgonetas nos acercaron hasta la zona de salidas del aeropuerto.

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Lo de los tsunamis no es broma.

Cuando llegas a la isla, como parte de la hospitalidad polinesia, recibíamos un collar de flores. Sin embargo, en nuestra partida nos dieron un collar con un pequeño moai de piedra. En contra de las perecederas flores, este regalo perdurará para siempre, al igual que los recuerdos que el viajero se lleva de esta diminuta y aislada isla del Pacífico.  Yo por si acaso también me llevé unos cuantos moais de diferentes tamaños que compré en el mercadillo, que últimamente estoy muy desmemoriado.

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Diciendo adiós a los moais con el corazón,

Ya en la zona de espera del embarque aún tuve la oportunidad de ver mi último moai y sacarme una foto.  Creo que no hubo ni un sólo turista que no se retratase con él. Si es que los turistas hacemos “turistadas,  pero nos hace sentir tan felices..

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Subirse al avión andando por la pista de aterrizaje siempre es un puntazo.

En la zona de embarque también aproveché y me compré un libro sobre Isla de Pascua. Los beneficios de la venta del libro se destinaban para ayudar a las personas mayores rapanui. La verdad es quera un poco caro, pero dado que era por una buena causa y poder llevarme un libro para poder acordarme de estos fantásticos cinco días en Isla de Pascua mereció la pena.

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Adiós Sr. Moai.

Sé que Isla de Pascua es un destino que no es fácil por lo económico y por lo alejado que se encuentra de todo. Sin embargo, si podéis permitiros alguna vez en la vida venir a esta isla misteriosa, mágica y llena de energía positiva, no os arrepentiréis en absoluto.  A mí, me quedaba seguir camino con mis recuerdos.  Esperaba en lo más profundo de mi corazón, que el siguiente destino, en mi particular ruta, fuese al menos tan espectacular como éste.

Adiós Isla de Pascua. Hola Perú…

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