El mirador de la Cruz del Cóndor del cañón del Colca.

El mirador de la Cruz del Cóndor es el otero más famoso del cañón del Colca, por ser el lugar más accesible para disfrutar del vuelo de esta ave. Por la mañana temprano una familia de cóndores, que todavía sobrevive en esta zona del cañón del Colca, aprovecha las corrientes térmicas matutinas para sobrevolar las laderas del cañón. Este espectáculo matutino atrae a manadas de turistas, que se acercan incluso desde Arequipa tras un largo viaje nocturno, solo para poder verlos unos minutos.

El cóndor es el símbolo de los Andes y ha sido venerado por muchas de las culturas precolombinas. El cóndor sigue estando presente en la cultura peruana. La canción “el condor pasa” es un himno en Perú y fue popularizada a nivel mundial por la versión de “Simon & Garfunkel” en los años 70.  Esta ave carroñera se encuentra distribuida a lo largo de toda la cordillera de los Andes. Sin embargo, el cóndor se encuentra catalogada como una especie casi amenazada. Esto es debido principalmente a la reducción de sus hábitats y los frecuentes envenenamientos por cebos o consumo de animales intoxicados por ganaderos. Sabiendo que los iba a tener tan cerca, no me importó pegarme el madrugón padre para poder ver de primera mano a estas magníficas aves.

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Las estrellas del firmamento son siempre las más fotografiadas.

Viaje de Cabanaconde al mirador de la Cruz del Condor

El mirador de la Cruz del Condor se encuentra a 13 km de Cabanaconde. La forma más sencilla de llegar es tomar el primer autobús que sale hacia Arequipa y pedir al conductor que pare en el mirador. Después del “Condor show” hay que esperar a que pase el siguiente autobús, que se puede reservar con antelación en Cabanaconde. Únicamente hay que avisar que paren en el mirador de la Cruz del Cóndor a recogerte, para a continuación seguir viaje hasta Chivay y finalmente a Arequipa.

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Plaza de armas de Cabanconde: centro neurálgico de las comunicaciones terrestres de la región.

La anoche anterior había dormido de un tirón. Toda la tarde estuve con la excitación del mini terremoto que habíamos sufrido (ver entrada anterior) y éste fue el único tema de conversación que tuvimos durante la cena alrededor de una pizza. Desconozco sin hubo alguna réplica del terremoto porque después de cenar caí en la cama en un coma profundo. Los dos días de ruta de senderismo por el cañón del Colca y la puntilla de la dura ascensión desde Sangalle me habían dejado reventado.

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Iglesia de Cabanaconde.

Justo después de amanecer salí del hostal. Me acerqué a la plaza de armas a reservar los billetes de autobús y avisé para que parasen a recogerme en el mirador de la Cruz del Cóndor tras el espectáculo ornitológico.  Quería estar temprano porque aconsejan estar en el mirador sobre las 7 de la mañana. Más tarde las corrientes térmicas van disminuyendo y es más complicado ver los cóndores.

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Vista del Cañón del Colca.

Un autobús en hora punta

En la plaza de armas estaba el autobús esperando a los viajeros. Yo daba por hecho que en el autobús no iba a haber mucha gente a esas horas intempestivas. Sin embargo, había una muchedumbre esperando alrededor de la puerta del vehículo. Estábamos los turistas mezclados con los lugareños, guardas del cañón el Colca y varias vendedoras de recuerdos con toda su mercancía dentro de sus mantones de colores.

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Esperando a los cóndores en el mirador

El paciente conductor abrió la puerta y comenzamos a subir al autobús. Yo me senté en uno de los asientos, pero como era de los que bajaba a los pocos kilómetros, me hicieron levantarme y me fueron empujando hacía el fondo del autobús. Cada vez teníamos menos espacio, pero seguía subiendo gente. Al fondo había una guarda entrada en carnes que se negaba a ceder un centímetro de terreno e increpaba a grito pelado al conductor que arrancase el autobús.

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El cóndor sobre el cañón del Colca.

El paciente conductor no estaba dispuesto a dejar en tierra a nadie y se plantó diciendo que hasta que no subiesen todos no emprendíamos viaje. Tras 15 minutos de acalorada discusión, la guarda musa de Botero, cedió a los deseos del conductor y en menos de 30 segundos nos apretujó a todos hasta que entró en el autobús medio Cabanaconde. Yo, mi mochila y una vendedora de recuerdos, con su mantón lleno de género incluido, formamos un perfecto tetris ocupando un reducido espacio en el pasillo del autobús. Obviamente no estábamos en época de pandemia y el distanciamiento social no se contemplaba.

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El mirador de la Cruz del Cóndor con aforo completo a la espera del espectáculo ornitológico.

El mirador de la cruz del cóndor

Tal como Einstein demostró al mundo, el tiempo es un concepto relativo y los 20 minutos de viaje hasta el mirador de la Cruz del Cóndor se hicieron eternos. El autobús con un número incierto de pasajeros paró en la cuneta de la carretera y casi se vació de la mitad de los viajeros que allí estamos enlatados.

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La cruz más famosa del cañón del Colca.

El sitio no tenía perdida. Tras cruzar al otro lado de la carretera me acerqué al borde del cañón del Colca. En el mirador se podía ver la preciosa cruz que da nombre a este lugar soñado por cualquier ornitólogo que se precie.  A parte de este mirador, a unos 100 metros existía otra plataforma en un nivel inferior. Cuando llegamos no había casi nadie en ese sitio y por eso me dirigí allí.

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¡Corred malditos! que os quedaréis sin sitio.

El cóndor pasa

Me senté en la plataforma mirando hacia el cañón del Colca. Dejé colgando mis piernas sobre el precipicio con la seguridad de que no iba a tener a nadie tapándome las vistas. No me quedaba más que esperar. Todos estábamos expectantes y observando con detenimiento cualquier movimiento que pudiera producirse a lo largo del cañón.  

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Microbiólogo colgado del precipicio

De repente en las proximidades del mirador de la Cruz del Condor una majestuosa ave empezó a sobrevolar el cañón en círculos. Un enorme ¡Ohh! se oyó entre todos los asistentes. En ese momento eché peste por haberme venido a esta plataforma tan alejada de donde estaba ocurriendo todo el espectáculo.  Después de 10 minutos y justo cuando estaba a punto de cambiar de sitio, un enorme cóndor pasó delante de mis narices. Fue un momento mágico.  Todos los sufrimientos matinales se esfumaron en un microsegundo.  Aunque había que esperar entre el avistamiento de un cóndor y otro, a lo largo de una hora estuve disfrutando del majestuoso vuelo de estas aves.

El condor pasa….muy cerca…

El mercadillo del mirador de la Cruz del Cóndor

Cuando mi nivel de “condorismo” estaba a punto de alcanzar el umbral de saturación decidí darme una vuelta por la zona para disfrutar del paisaje y ver la fauna que allí nos habíamos juntado, sin la presión de no tener que perderme el vuelo del cóndor.  En las proximidades de la cruz se habían arremolinado un montón de vendedoras de recuerdos.  En todos los lugares turísticos de Perú se encuentran las mismas vendedoras ofreciendo los mismos recuerdos, pero lo que siempre me impresiona es el colorido que dan al sitio.

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Mercadillo del mirador de la Cruz del Cóndor

Me busqué un buen lugar en el mirador de la Cruz del Cóndor con vistas a la carretera porque no quería perder el autobús de regreso a Arequipa. Mientras esperaba vi llegar a varias excursiones organizadas y pensé que suerte tenía de haber venido por mi cuenta al cañón del Colca para disfrutar de la ruta de senderismo y ver los cóndores sin prisas. Ahora, además las aves estaban reduciendo sus vuelos porque estaba haciéndose tarde y los nuevos visitantes iban a tenerlo más difícil para poder verlas.

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Calle comercial del cañón del Colca.

Regreso a Arequipa

Me estaba impacientando porque no aparecía el autobús de la compañía con la que había reservado el billete. Sin embargo, cinco minutos después lo vi aparecer en la lejanía. ¿Pararía a recogerme? Estaba decidido a tirarme en mitad de la carretera si hiciese falta. Afortunadamente no fue necesario llegar a esos extremos, con un simple ademán de la mano el autobús paró. Me subí y me senté en mi espacioso asiento. Después de la experiencia de la mañana, me pareció un lujo digno de “bussiness class”.

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Tener un sitio donde poner el trasero no tiene precio.

El camino de vuelta desde el mirador de la Cruz del Cóndor no tuve incidencias y de regreso tuve tiempo de fijarme en las yaretas desde la ventanilla del autobús. En Cabanaconde me habían hablado de esta planta parecida a un musgo compacto que se encuentran en zonas áridas de los Andes y que crecen a gran altitud en escasez de oxígeno a la “vertiginosa” velocidad de 1,4 mm al año. Se han encontrado ejemplares de hasta 3000 años de antigüedad. En fin, en Perú todo es sorprendente.

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Yaretas a más de 4500 metros de altura sobre el nivel del mar.

Noche en Arequipa

Nuevamente me encontraba en el terrapuerto de Arequipa. Había pasado tantas veces por aquí que los taxistas casi me hacían la ola cada vez que me veían. Me fui directamente al Hostal los Andes Bed & Breakfast donde me había alojado unos días antes.  El resto de la tarde me dedique al aseo personal y a descansar. La dura vida en el cañón del Colca bien se merecía una buena siesta.

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Arequipa al atardecer

Por la tarde noche salí a pasear por Arequipa y me impresionó la iluminación nocturna de la ciudad. Pasé por delante de la Iglesia de la Compañía y me quedé francamente impactado por la profusa decoración de la fachada. Sin duda esa sería una mis paradas obligadas al día siguiente. Cerca de la plaza de armas en el centro Cultural UNSA había varias exposiciones de arte. Para ver horarios y exposiciones se puede consultar su página web. Entré a echar un vistazo y fue un acierto, pasearse por la noche entre la arquitectura colonial y las pinturas fue de lo más agradable.

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Fachada de la Iglesia de la Compañía.

Para terminar la noche y después de haber alimentado el alma, decidí hacer algo más pagano y me fui a tomarme un cóctel en el Museo del Pisco. Esta franquicia y templo del pisco tiene sucursales en las principales ciudades de Perú. Después de recorrer los caminos del Cañón del Colca, sobrevivir a un terremoto y viajar en el autobús-camarote de los Hermanos Marx me sentía muy intrépido y me pedí un pisco con maracuyá y canela.  El camarero me puso la copa y soplete en mano le dio de arder a una rama de canela. Me explicó que se quemaba para poder apreciar con más intensidad los aromas de la canela.

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Este cóctel es canela fina.

Nota mental: Que ignorancia la mía, debo salir más a tomar cócteles para acostumbrarme a estos esnobismos.

Microbiólogo con alma de ornitólogo.

Arequipa. Perú. Noviembre 2018

Si os ha gustado esta historia y queréis seguir leyendo más aventuras de mis viajes por esos mundos de dios, suscribiros al blog del Microbiólogo Viajero.  Podéis hacerlo al final o en el lateral de esta página.  Gracias por leerme.

10 comentarios sobre “El mirador de la Cruz del Cóndor del cañón del Colca.

  1. Querido avistador de ave rapaces, pero que hacías en ese acantilado haciendo contorsiones cual instagramer suicida, que vértigo¡¡¡Bueno por ver a los majestuosos cóndores, bien merece la pena pasar por subir a un bus enlatado y hacer equilibrios por los acantilados. Lo mejor como terminaste el día, en el museo del Pisco, mmmmnn que buenos recuerdos me has traído con los pisco sour y Arequipa. Pasa una semana estupenda

    1. Hola, está semana no he tenido que rescatarte del spam. Tendré que poner una velita a San WordPress del Perpetuo Socorro para que no tenga más problemas. Bueno, el sitio de la foto no era tan peligroso, solo es necesario poner la cámara en el ángulo adecuado. Tras mi cóctel de canela incendiada, probé a hacerme uno en casa y monte una chamurrina que ni te cuento. Creo que seguiré siendo un vulgar bebedor de combinados. Feliz semana y gracias por seguirme.

        1. Sin duda alguna, a ver si lo podemos hacer pronto. Lo de que nos lo tomemos en Perú estaría genial, pero creo que va a ser más complicado

  2. Pues ese pajarito aun nos falta por verlo en su pleno esplendor . Tiene que ser majestuoso, volando, mudo ( solo sisea). Expectacular! Viven un montón de años, pero solo crian cada dos y de ahí…que con la mala vida que le damos… no queden muchos. Que suertudo verlas horario . Que envidia que nos das! Otra razón más para pasarse por Perú cuando se pueda.

    1. No sabía tantos detalles de los cóndores. Si es que estáis hechos unos naturalistas natos. A mi me impresionaron mucho y eso que donde estábamos era casi como un parque temático. En cualquier caso dado lo inaccesible del cañón del Colca, los cóndores están a sus anchas y como la economía de los lugareños depende del turismo los tienen como oro en paño. Chicos ir reservando billetes para Perú. Se que me repito más que una rastra de ajos, pero sé con seguridad que os iba a encantar. Un beso, feliz semana y gracias por comentar siempre

  3. La localización para la vista del cóndor me parece espectacular. El cóndor, me encantaría verlo, imagino su majestuoso vuelo.
    Las experiencias de multitudes en un bus, esas se las está llevando la pandemia ¡algo bueno tenía que traernos este infierno!. 🙂
    Nunca he sido de cócteles pero ese tuyo tiene muy buena pinta, hasta me apuntaría a uno. No me lo tengas en cuenta, esto también es producto de la pandemia. 🙂
    De todos modos, apunta un coctail, para cuando sea……………….:)

    1. En esta época recuerdo con nostalgia las estrecheces de los buses, el vonfor y los cócteles. Por lo menos con los recuerdos me traslado al pasado donde disfrute tanto, pero todo volverá. Sólo hay que tener paciencia. Un beso y buen finde.

      1. Obviamente, con mucha nostalgia.
        Creo que todos nos estamos agarrando al pasado donde disfrutamos con la esperanza de volver lo más pronto posible.
        Paciencia, que la hubo, a estas alturas suena a cuesta arriba, muy cuesta arriba. 🙂
        Besos y buen finde para ti tambien. .)

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