Lima y los acantilados de La Costa Verde

Lima. Perú. Octubre 2018.

LimaLos desplazamientos en los viajes pueden llegar a ser un infierno, especialmente cuando decides viajar barato. Cuando reservé el vuelo de Isla de Pascua a Perú, con escala en Santiago de Chile, estaba tan emocionado por el misticismo embriagador de conocer la tierra de los incas, que no me preocupé por las casi 16 horas de viaje. Bueno, también estaba preocupado y emocionado por conseguir un vuelo barato. Quería hacer el viaje de mi vida, pero intentando contener al máximo posible la hemorragia masiva de mi cuenta corriente.

Desde Isla de Pascua a Santiago de Chile hay cuatro horas y media de vuelo. Esto da una idea de que aun perteneciendo a Chile, esta isla del Pacífico está a tomar viento a la farola. Esta parte del viaje fue bastante agradable. Aunque salí a mediodía, entre la duración del vuelo y la diferencia horaria, aterricé en Santiago de Chile a las 10 de la noche. El vuelo de conexión a Lima lo tenía a las 5 de la mañana.  En resumen, os puedo decir que pasarte 7 horas deambulando por el aeropuerto de madrugada no tiene nada de legendario, ni de místico.

Después de aterrizar aproveché para cenar. Santiago de Chile está tan caro o más que Madrid. Así que la cena en el aeropuerto fue un sablazo. Luego me recorrí todas y cada una de las tiendas del Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez. Tras finalizar la inspección comercial busqué un sitio donde enchufar el móvil para cargar la batería y pasar el rato navegando, pero me cansé pronto.

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De esta guisa me encontaba en la zona de embarque del aeropuerto de Santiago de Chile. Fuente: okdario 

Intenté quedarme dormido, pero no conseguía coger postura, incluso probé suerte tirándome en el suelo sin mucho éxito. Desgraciadamente soy hipersensible a la luz y soy incapaz de quedarme dormido sino estoy completamente a oscuras. Yo de mozo no tenía estos problemas, podía quedarme dormido delante de la ventana de mi cama con un sol de justicia. No sé si actualmente sobre-expreso mis genes vampíricos o con la edad he adelgazado el grosor de mi párpados, pero me cuesta dormirme.  Así que pasé la noche vagando por las salas de embarque y los baños de un aeropuerto vacío, como un espectro del más allá, sin otro entretenimiento que sortear los carritos de la limpieza de los pasillos.

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Cuando en la tienda de recuerdos te encuentras con una llama de peluche gigante sabes que estás en Perú.

Finalmente antes del amanecer, subí al avión y en otras cuatro horas me planté en Lima. Aterricé a las 7 de la mañana hora local. Quizá no tuviese el aspecto más encandilador y risueño de mi vida, pero después de sellar mi pasaporte y recoger mi mochila, estaba emocionado por pisar tierras peruanas por primera vez. Rápidamente olvidé aquella noche toledana ¡Había llegado a Perú!

 

Antes de mi llegada había contratado un taxi a través del hostel de Lima donde me alojaba. El servicio me costó 60 soles (15 euros). Es posible que haya formas más baratas de llegar a la ciudad desde el aeropuerto, pero aquella noche ya había tenido suficientes aventuras con el transporte. Además, salir por la puerta de llegadas del aeropuerto y ver tu nombre escrito en un cartón te hace sentir como una estrella del celuloide. Luego te acercas a tu chofer con paso firme, mientras de camino vas despachando a todos los cazaturistas que se acercan zalameramente para llevarte a la ciudad, y les dices: “No gracias, lo siento me están esperando” ¿Hay forma más maravillosa y glamurosa de llegar a un país?

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Glamuroso, ojeroso y recién llegado a Lima.

Fantasías hollywoodienses aparte, fue todo un acierto tomar el taxi. En media hora larga llegué cómodamente al barrio de Miraflores, donde me alojaba. En condiciones normales para completar este trayecto necesitas entre una y dos horas, debido al tráfico infernal de Lima. Sin embargo y sin haberlo programado, había llegado a Perú el 8 de Octubre que era festivo y el tráfico era casi inexistente. Este día se conmemora la batalla de Angamos, en la que la flota peruana fue derrotada por los chilenos durante la Guerra del Pacífico. Este día se honra el heroísmo del Almirante Miguel Grau y de la Marina de Guerra del Perú. Yo no es que me alegrase de la derrota peruana, pero sí de poder cruzar toda Lima en poco tiempo y sin problemas.

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Vista del océano Pacífico y el malecón desde los jardines de Miraflores

El taxista durante el trayecto, haciendo valer sus dotes de portera, me hizo el tercer grado sobe mi vida pública y privada. Yo por mi parte intenté sonsacarle toda la información turística de Lima que pude. Quid pro quo. Estas son las ventajas de conocer el idioma del país al que viajas. Finalmente llegamos al Hitchhikers Lima Hostel (ver sitio web), un alojamiento para mochileros donde me quedé un par de noches. Al llegar tan temprano, mi habitación individual no estaba disponible y me dijeron que hasta después de mediodía no lo estaría. Mi ansiada ilusión de las últimas 24 horas de tumbarme en una cama en ausencia de luz se fue al traste. Así que dejé la mochila en las taquillas del hostel y me fui con mi “jet-lag” a conocer la ciudad.

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Vista de la Costa Verde y sus acantilados.

 

Me había alojado en el barrio de Miraflores porque tenía fama de estar cerca de los famosos restaurantes de Lima, ser un barrio de gente pudiente y probablemente más seguro. Me habían metido el miedo en el cuerpo con lo peligroso que era Lima y luego la verdad es que no fue para tanto. También es cierto que no hice nada extraño, ni estuve deambulando en mitad de la madrugada, por esas calles de dios.

Como tenía tiempo, saqué dinero del cajero y compré una tarjeta de teléfono de prepago del país. Ya estaba conectado con el mundo online y podía colgar fotos en Instagram para mis cuatro “followers”. El día no era especialmente bueno y estaba algo nublado, aunque la temperatura era ideal. En Lima tener un día claro es complicado como luego me contaron. La ciudad se asoma a unos acantilados sobre el Pacífico, extendiéndose a lo largo de muchos kilómetros, a lo que llaman “La Costa Verde”. Decidí acercarme a pasear por los jardines sobre el acantilado del sector del barrio de Miraflores. Me llevé una sorpresa muy grata. Los jardines estaban muy bien cuidados y eran muy chulos, con unas vistas soberbias sobre el océano Pacífico. Había mucha gente paseando y haciendo deporte, críos jugando, parejas de enamorados robándose besos. El camino entre los jardines recorre toda la Costa Verde hasta más allá de donde alcanzaba la vista. En fin, si hubiese tenido tiempo y hubiese alquilado una bici, creo que hubiese disfrutado de una excursión maravillosa.

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Paseo con mucho encanto por los jardines de Miraflores.

Me senté mirando al mar. Todo el acantilado está en fase de acondicionamiento. Han sembrado una planta trepadora que se extiende sobre una malla para ayudar a sujetar el terreno. Debajo de mis pies se veía un malecón precioso y decenas de surfistas que estaban esperando las olas con sus trajes de neopreno.  El surf es un deporte en alza en Perú y que ya ha dado grandes deportistas. No en vano, Perú dispone de playas increíbles en su litoral para la práctica de este deporte, incluyendo las de Lima. Aunque el origen del surf se atribuye a los pobladores de Hawaii, algunos investigadores lo sitúan en Perú, basándose en pinturas y cerámicas pre-incas. Cada vez hay más indicios del contacto entre la cultura Pre-inca y la Polinesia, así que ambas orígenes podrían ser ciertos.

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Surferos en la playa. El agua estaba helada, pero surfear con sarna no pica. 

Unos cientos de metros más adelante vi una plataforma donde había gente practicando parapente. Me sentí tentado por probar, ya que se podía pagar por tirarte con alguno de los instructores. No había probado nunca, pero al final decidí no hacerlo.  Ya había volado bastante en las últimas 24 horas. No sé porque me siento últimamente tan atraído por practicar deportes de aventura. Debe ser que sigo con la crisis de los 40 y necesito estar al borde de la muerte para seguir sintiéndome vivo.

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«Parapenteando» en la costa verde.

Después de disfrutar de la brisa del mar y las vistas, dejé atrás el mar y me volví a internar en el barrio de Miraflores. Aunque somnoliento, me entró hambre y me senté a comer en La Lucha Sangucheria Criolla (ver sitio web) cerca de la Plaza Kenedy.  Es una cadena de restaurantes con unos bocadillos de muerte. Yo toda la vida preocupado por saber como se escribía correctamente “bocadillo” en inglés y aquí lo tienen clarísimo. Después de saciada mi hambre me fui para el hostel. Cuando llegué ya estaba disponible la habitación ¡Dios existe!

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Faro y parapente. 

Mi dieron una habitación triple para mí solo con su baño. La habitación no era lujosa, pero estaba bien.  Así que procedí a esparcir mi mochila, me duché y me eché una siesta de unas 5 horas en completa oscuridad. Dormí como un bebé. Cuando me levanté de la super-siesta, me di otra vuelta por el barrio de Miraflores. La verdad es que había algunos caserones antiguos muy chulos.  Para finalizar el día no se me ocurrió mejor forma de hacerlo que cenar mi primer ceviche y tomar mi primer pisco sour en Perú. Me senté en la terraza del restaurante Haiti (ver sitio web) y disfruté de lo lindo de la gastronomía peruana.

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No pude tener una cena más peruana, aunque el nombre del restaurante era Haiti .

He de reconocer que el viaje para llegar a Lima fue una autentica paliza, pero ahora sentado delante de mi cena y con dos meses por delante para disfrutar de la belleza de Perú, las horas de sueño y el cansancio parecían haberse quedado muy atrás.

10 comentarios sobre “Lima y los acantilados de La Costa Verde

  1. Muchas gracias por tus comentarios y seguir leyendome. Me animas un montón a seguir escribiendo. Pues caí en Miraflores porque me metieron el miedo en el cuerpo, pero vamos que la zona de la catedral es alucinante. De echo, sobre eso va mi siguiente post. El año pasado estuve viajando durante tres meses por Polinesia, Isla de Pascua, Peru, Chile y Patagonia. No pensaba quedarme tanto tiempo en Peru, pero al final casi estuve dos meses enteros en este pais. Me enamoré de este sitio de Sudamérica y hay tanto para ver… Este año no voy a poder viajar a ningun sitio, Ya sé que no doy ninguna pena, pero este año he sobrevivido gracias a mis recuerdos viajeros. Un beso.

    1. Me alegra que te anime, porque me encantan tus relatos y estoy segura que no solo a mi sino a otros muchos:) Bueno…el tiempo pasa muy rápido, así que seguro que pronto podrás de nuevo irte y compensar los días de secano en la ciudad:) Pasa muy buen día Bss

  2. el parapente en Miraflores es super seguro 🙂 antes de hacerlo por primera vez, me preparè mentalmente por una samana, y al final era sorpredentemente no muy emocionante, muy tranquilo. soy la de personas que tienen fobia a altura, pero no en este contexto, como que no la sentìa. pena que no se animò 🙂 pero que chevere que se quedò 2 meses!!! estoy impaciente por leer la continuaciòn 🙂 viviendo en Perù, no sè por què, me encanta leer sobre la percepciòn de los viajeres que tienen de este paìs 🙂 y me da gusto que le gustò 🙂

    1. Si en el fondo me quedé con las ganas de tirame con el parapente, pero estaba tan cansado. Sé que los instructores toman todas las precauciones. Cuando decía lo de estar cerca de la muerte, era más tener una chute de adrenalina que otra cosa. Sé que vives en Perú y por eso creo que eres muy afortunada. Este pais es tan bonito y tiene de todo, que es el parasio de cualquier viajero. Muchas gracias por leerme. Un beso.

    1. Pues es que tienes toda la razón. A mi me gustó mucho Lima, especialmente el Cercado de Lima y de verdad que se lo recomiendo a todo el mundo. No tuve ningún problema. Gracias por leerme. Un abrazo.

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