Papeete y la historia de un tatuaje

Tahiti. Polinesia Francesa. Septiembre 2018.

TahitiEl tiempo pasa rápido y más cuando estás viajando. Parece que fue ayer cuando llegué a Polinesia y tristemente sólo me quedaba un día para marcharme de aquí. Había leído que en Polinesia a medida que pasan los días, el color de tu piel se oscurece a la misma velocidad que aumenta la amplitud de tu sonrisa. Puedo confirmar que esto es completamente cierto.

En estos maravillosos 10 días había tenido la oportunidad de hace de todo: disfrutar de la fauna marina y nadar entre tiburones y ballenas; gozar con la vista de montes cubiertos de vegetación exuberante; subir a miradores y extasiarme con los infinitos azules de Polinesia; disfrutar de las comida y los cócteles al atardecer; retumbarme en playas paradisiacas hasta que me dolía la espalda; vivir la experiencia de ser un náufrago por un día; ahogarme un poquito unas cuantas veces mientras hacía “snorkel” y estar a punto de romperme la pierna un par de veces. ¿Qué más se puede pedir? Sin embargo, había dejado algo pendiente para el último día de mi viaje, que me hacía mucha ilusión.

mosquitos_papeete
Bandada de mosquitos en un callejón de Papeete. Espero que el taller del tatuador esté mejor iluminado.

Los tatuajes están muy arraigados dentro de la cultura polinesia. Tanto hombres como mujeres lucen varios de ellos y no tienen ningún problema en que algunos sean de gran tamaño. Cada vez que les sucede algo trascendental en sus vidas se hacen un tatuaje. Mi amiga Anja se había hecho uno en Papeete. El tatuador había estado hablando con ella sobre su vida, sus aficiones y sus gustos. Con todo eso, le hizo un tatuaje personalizado chulísimo. Claro, yo también quería uno de esos. Siempre había querido hacerme uno, pero creía que tienes que tener un buen cuerpo para lucirlo, que no es mi caso. Tampoco tenía muy claro que hacerme, porque no quería que tuviese un aire poligonero o de tribu urbana callejera. Por eso, cuando vi el de Anja supe que de Polinesia volvería tatuado.

papeete ayuntamiento
En frente del edificio colonial donde está el ayuntamiento de Papeete.

Cuando te haces un tatuaje tienes que estar una semana cuidándolo para que no se moje y no le dé el sol. Esto es realmente complicado si estas viajando por Polinesia. Por eso, había decidido hacérmelo el último día en Papeete, antes de montarme en el avión. La primera vez que llegué a Papeete busqué el taller del tatuador de Anja que estaba en Le Marché (el mercado de Papeete). El taller estaba cerrado, pero apunté el teléfono para llamar unos días antes de coger mi vuelo internacional. No volví a pensar más en el asunto y el día antes de mi partida decidí pedir la cita con el tatuador. Me puse a buscar el número y no lo encontré. Entonces miré en la Lonely Planet y encontré un tatuador que estaba en Le Marché y pensé que tenía que ser éste. Yo no sé francés, así que uno de los camareros del Le Tipaniers en Moorea me ayudó a pedir la cita para el día siguiente por la tarde.

autobus_misericordia
Furgoneta de la misericordia ¿Me haría falta una intervención divina para poder hacerme un buen tatuaje?

Aquel día por la mañana temprano Chantal me preparó el desayuno. Después de disfrutar de la comida terminé de organizar mi mochila. Me despedí de mi anfitriona y de sus cinco perros, para luego salir a la carretera y ponerme a hacer dedo. En menos de dos minutos me paró un chico francés que me llevó la mitad del camino. Esperé otros cinco minutos y otro lugareño me llevó hasta la terminal de ferris. Facturé la mochila y me subí a la cubierta para disfrutar por última vez de las vistas de Moorea.

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Bye-Bye Moorea!!

Cuando llegué a Papeete me dirijí al mercado Lé Marché. Estaba preguntando por direcciones, cuando se me acercó un travestí, no muy agraciado y un poco loco. Este chico me estuvo dando indicaciones y en un momento dado empezó a echarme los tejos, incluso se ofreció pagarme por tener sexo con él.  Uno de los estereotipos de los polinesios es que viven muy libremente su sexualidad. Esto traía locos a los primeros colonos europeos porque las polinesias estaban deseando acostarse con ellos. Mi ego casi estuvo tentado por saber hasta cuanto estaba dispuesto a pagar por mí, pero yo estaba más intrigado y nervioso por mi cita con el tatuador, así que decliné amablemente su oferta y me fui de allí.

Calle_Papeete
Calles de Papeete.

Finalmente llegué a Le Marché. Este mercado tienes puestos con productos locales de la isla: frutas, verduras, guirnaldas de flores y pescado fresco. También había puestos con comida y tiendas de recuerdos con artesanías. El edificio era bonito y aproveché para comprar un pareo polinesio que me habían encargado y una pulsera con una perla negra, no muy grande, porque los precios son prohibitivos (ver entrada anterior). Todavía me quedaba muchísimo viaje y tuve que controlarme para no traerme el mercado entero en la mochila.

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Puestos con productos locales en Le Marché.

Subí al piso de arriba y me fui al taller del tatuador. Cuando llegué le dije que tenía cita y él me respondió que no sabía nada. Me preguntó qué número de teléfono había marcado y entonces me dijo que ese era el número de su primo. Antes de que me dejara explicarle en “franchinglis” que me lo quería hacer con él, me arrastró al taller de su primo, que estaba en la calle de al lado del mercado. Cuando entré en el taller me dio seguridad, porque se veía todo muy profesional, limpio y se estaba fresquito. Les expliqué que quería un tatuaje personalizado, pero con mi “franchinglis” no me entendían. El chico de la recepción me dio un par de cuadernos con fotos de tatuajes para que eligiese y me hizo esperar.

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Vista del mercado Le Marché en Papeete.

Empecé a ver las fotos y no me gustaba ninguno. En ese momento me entró las dudas de si debía de hacerme el tatuaje o no. Era todo surrealista, estaba en un sitio que no tenía referencias, excepto la información de la Lonely Planet y no sabía que tatuaje hacerme. Por otra parte, si no me lo hacía ahora iba a perder la oportunidad para siempre. También sentí que triste somos los turistas, cuando la gente que viene aquí se hace los tatuajes por convicción y no como yo por tener un souvenir.  En ese momento, se hizo la luz y vi la foto de un tatuaje de las Islas Marquesas en forma de espiral-anzuelo que me encantó. Me lié la manta a la cabeza y me lancé al vacío sin red. Decidí hacerme este tatuaje en el brazo.

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Feliz y recién tatuado.

El tatuador me miró con paciencia infinita y me pintó una elipse en el brazo con el tamaño que quería que tuviese. Le dije que sí, que este era el tamaño que quería. No me hizo mucho daño y en un par de horas lo terminó. Luego me enteré que mi tatuador era Simeon, uno de los tatuadores más afamados de Papeete. Es tan bueno que me hizo todo el dibujo a mano alzada, increíble. El tatuaje tenía mucho detalle y era precioso.

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Mi tatuaje es muy molón.

El tatuaje tenía mucha simbología de la Polinesia. Había una estrella marquesa que es un amuleto, los dientes de tiburón que representan el coraje y muchas olas que hacen referencia a los viajes y yo soy muy viajero, claro. Pero lo más bonito de mi tatuaje es que tiene un tiki, un ancestro protector. Simeon lo hizo a imagen y semejanza mía, con barba y pelo en el pecho. El tatuaje fue algo caro, pero más barato que hacérselo en Europa. Después de llegar accidentalmente a este taller y tener que decidir en el último momento, temí que terminase todo en un grandísimo desastre, pero al final estaba encantado con el resultado.

Rotui_polinesia
Mi vida va a ser más compicada sin mi lata diaria de zumo Rotui.

El tatuaje tuve que pagarlo en metálico y necesité sacar dinero del cajero. Siguiendo los consejos de Simeon compré la crema cicatrizante y un rollo de film transparente para protegerme el tatuaje durante los siguientes días.  Ya tatuado me fui a un bar a tomarme mi último zumo Rotui donde coincidí con Karel, un biólogo marino que había montado un negocio de fertilizantes ecológicos. El abono lo fabricaba fermentando restos de pescado. Karel se ofreció a enseñarme su taller. Como no tenía nada que hacer decidí acompañarle. En el camino hacia el taller vimos algunos murales muy chulos.

Mural_papeete
En Papeete hay artistas por todos los lados.

La casa de Karel estaba en la carretera que va al aeropuerto y se ofreció nuevamente a acercarme a la terminal de vuelos internacionales, lo que le agradecí enormemente. Cuando llegamos me despedí de él y me fui a facturar la mochila. Aún tuve la oportunidad de ver a un grupo de baile y danza polinesio que estaba esperando la llegada de un tour organizado.

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Yo esperaba mi avión, ellos a los turistas.

No había despegado y ya estaba nostálgico por dejar este sitio tan increíble del Pacífico. Sin embargo no iba abandonar del todo Polinesia porque mi próximo destino era Isla de Pascua. Espero recordar siempre estos días fantásticos que pasé en la Polinesia Francesa. Puede que algún día que otro se me olvide mi paso por este paraíso, pero cuando me miro al espejo y veo mi tatuaje polinesio en el brazo, esbozo una sonrisa.

 

 

 

6 comentarios sobre “Papeete y la historia de un tatuaje

  1. Oleee… un tatu precioso 🥰 fuiste atrevido, hacerlo así a lo loco que eso luego queda para toda la vida 😃 pero a parte de una chulada, menudo recuerdo 🥰 a nosotros nos encantan los tatuajes 😃. Por otro lado… que liberales en la polinesia 👏👏👏 como tiene que ser. Viva la polinesia 👏👏👏 bonita por fuera (menuda fotaca la que vas en barco y te despides) y por dentro (la gente te ayuda en todos lados)🥰 un saludo! Aventurero!

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    1. Gracias por seguirme. Pues si, podía haber terminado con un pegote horroroso en el brazo, pero al final todo acabó genial. Yo me marché enamorado de Polinesia. Llevais muchos tatuajes?. Yo ahora me he animado y no me importaría hacerme alguno más… Es como un vicio.

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