Viajar en los tiempos del cólera

Kumasi. Ghana. Noviembre 2014.

Kumasi_GhanaNo penséis que la vida de un microbiólogo es aburrida, muchas veces nos liamos la manta a la cabeza y sacamos el Indiana Jones que llevamos dentro. El mes que pasé trabajando en el brote de cólera en Ghana lo recuerdo con cariño y alguno de los días que pasé en este país fue de lo más emocionante, incluida mi llegada (Ver la entrada anterior).

Durante 2014 hubo un brote de cólera en Ghana con más de 20,000 personas afectadas. Nuestro objetivo era conseguir cepas de los casos y mandarlas a España para poder estudiarlas adecuadamente.  Quizá podáis pensar que se puede traer cepas bacterianas en la maleta de estraperlo como un vulgar bandolero de Sierra Morena, pero no es así. Para enviarlas hay que empaquetarlas de forma específica y rellenar la documentación adecuada, ya que hay que cumplir con la estricta regulación  internacional existente sobre transporte de material biológico.

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Mujer vestida con uno de los trajes coloridos típicos de Ghana esperando el autobús.

Después de un par de semanas de trabajo en el laboratorio de Kumasi teníamos preparado el paquete con las cepas y toda la documentación. Sólo nos quedaba entregar el paquete en la oficina del transportista en Acra, que estaba a 250 kilómetros de distancia (unas 5 horas). Ellos se encargarían del resto del transporte hasta España. Eso sí, teníamos que hacer la entrega al día siguiente antes de comer. Sin más dilación, el conductor, el paquetito y yo nos fuimos para Acra.

Horacio_laboratorio
En pleno trabajo en el laboratorio. Más “encolerizado” que nunca.

No llevábamos ni una hora cuando nos topamos con un control militar en mitad de la carretera. Nos quedamos pálidos como la pared. Bueno, al conductor se le notaba menos la palidez porque era oriundo de Ghana. Los soldados con sus fusiles se pusieron a discutir con el conductor. Yo en el asiento sin decir ni mu y aferrando la mochila en la que llevaba el paquete. Querían dinero para dejarnos pasar porque decían que faltaba un papel. El conductor que ya le había tocado situaciones similares no estaba por la labor de soltar la pasta y se enzarzaron en una discusión. Al final nos hicieron bajar del coche, el conductor firmó un papel de no sé qué permiso y nos dejaron pasar. Afortunadamente, nadie me hizo ninguna pregunta sobre el paquete. Hasta pasados quince minutos no me volvió la color.

Horacio_paquete
El “paquetito” y yo luciendo una camisa en estampado ghanés, perteneciente a la coleccion primavera-verano para el envío de material biológico

A medida que iban pasando las horas, el sol africano iba calentando más fuerte. No teníamos aire acondicionado y las ventanas abiertas no ayudaban mucho. Por si esto no era poco, el suelo del vehículo debajo de mis pies, justo al lado del motor, empezaba a quemar. Con este panorama decidí poner el paquete en el regazo para que no se me recociesen las cepas de cólera y diese al traste con todo el trabajo de un mes. Estaba más preocupado por las cepas que por mi deshidratación inminente. Sólo me faltó ponerme a soplar al paquete como hacen las madres con la comida de los chiquillos.

A falta de pocos kilómetros nos quedamos atrapados en un atasco. El tráfico en Acra es horroroso y es normal tirarse un par de horas para ir de un sitio a otro. La temperatura dentro del vehículo iba subiendo y ya hacía más de 40 grados dentro del coche. Me encomendé a San Cristóbal, patrón de los conductores, y deseé que tuviese jurisdicción en Ghana para que pudiésemos llegar a tiempo a la oficina. Por su parte, el conductor se puso detrás de un coche oficial y nos pasamos al carril de dirección contraria para ir ganando terreno.

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En medio del atasco y disfrutando de la sauna gratis.

Contra todo pronóstico llegamos a tiempo y pude entregar el paquete en la oficina de Acra. Las cepas llegaron a España cinco días después y afortunadamente estaban en perfectas condiciones. A diferencia de lo que pasaba en la novela colérica de Gabriel García Márquez, esta historia no tuvo nada de romanticismo pero sí fue toda una aventura.

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En pleno bodorrio. Por seguro que las medidas estándar femeninas europeas son diferentes de las de Ghana.

Tras haber cumplido con mi trabajo y encender una velita a San Cristóbal en agradecimiento, pasé el resto de la tarde relajado y refrigerándome en el hotel. Casualmente se estaba celebrando una boda allí,  muy colorida por cierto. Bien está lo que bien acaba.

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